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Promoviendo la equidad de género

A través de los años, las suposiciones sobre lo que debe y puede hacer un hombre a diferencia de una mujer han contribuido a clasificar arbitrariamente las capacidades y responsabilidades con base al género. Los prejuicios y estereotipos han derivado en desigualdades que continúan impactando la administración y organización de los emprendimientos a nivel mundial.






En diferentes culturas, los negocios nacen gracias al trabajo y esfuerzo de los propios miembros de las familias donde el rol de las mujeres —sin importar su edad— es fundamental para el desarrollo del emprendimiento y para la generación de un ingreso adicional en el hogar. A pesar de los excelentes resultados obtenidos por las féminas en diferentes industrias y áreas laborales, las mujeres no han podido derribar los estereotipos de género. Para lograr que el cambio sea una realidad, los líderes empresariales son un factor determinante, los empresarios tienen la responsabilidad de impulsar y reconocer la inteligencia y capacidad de las mujeres. Como líderes, tienen el compromiso de ayudar a modificar los patrones de conducta heredada e incorporar una cultura laboral de igualdad de género, desarrollando empresas donde la diversidad y el respeto sean un motor que motive a la gente a la productividad y a la innovación.


Factores que obstaculizan los emprendimientos femeninos:


  • Las mujeres emprendedoras suelen comenzar con menos capital y es más probable que dependan de crédito personal o dinero familiar.

  • La barrera de acceso al capital no les permite financiar y hacer crecer sus negocios.

  • El 70% de las micro, pequeñas y medianas empresas de mujeres no son atendidas por las instituciones financieras en los países en desarrollo.

  • En los casos en que hombres y mujeres tengan acceso a las mismas redes de contactos, los empresarios hombres continúan superando a sus contrapartes femeninas al momento de acceder a los recursos.

  • Las mujeres que trabajan en una empresa tiempo completo, ganan el 30% menos de lo que ganan los hombres.

  • Las mujeres afroamericanas ganan el 40% menos de lo que ganan los hombres.

  • Las mujeres latinas ganan el 45% de lo que ganan los hombres.

  • Las mujeres entre 18 y 24 años, ganan 27% menos de lo que ganan sus homólogos masculinos.

  • Un alto porcentaje de mujeres trabajan en la economía informal y no cuentan con protección social.

  • Los prejuicios sociales frustran el potencial empresarial de las mujeres.


¿Qué pueden hacer los emprendedores hispanos para promover la equidad de género?


  • Integrar la diversidad y la equidad de género en la cultura laboral de sus negocios.

  • Fomentar el desarrollo profesional de las mujeres, especialmente en roles de liderazgo.

  • Aumentar la representación de las mujeres en los niveles gerenciales

  • Desarrollar e implementar políticas que apoyen el empoderamiento económico de las mujeres y el acceso al financiamiento.

  • Ofrecer las mismas prestaciones laborales para ambos sexos.


Por su parte, la mentalidad de la mujer emprendedora tiene que fortalecerse a través de la capacitación constante, de la integración activa al mundo de la tecnología. Las mujeres necesitan encontrar modelos a seguir, fuentes de inspiración y asesores que las impulsen a desarrollar sus capacidades y habilidades. Las mujeres emprendedoras necesitan darse tiempo para crecer en diferentes áreas y abrazarse del aprendizaje continuo. Necesitan aprovechar el conocimiento de mujeres emprendedoras exitosas que estén dispuestas a compartir sus experiencias. Deben de buscar mujeres inversionistas o firmas de capital de riesgo que tengan un historial de financiamiento que apoye a las mujeres emprendedoras.


Las mujeres emprendedoras deben de guardar en lo más profundo del cajón el miedo al fracaso, y aceptar que equivocarse en los negocios ocurre con frecuencia. Es importante que los emprendedores recuerden que los errores son signos de liderazgo empresarial, una oportunidad para probar cosas nuevas y tomar riesgos calculados que los empuje fuera de su zona de confort. El empoderamiento económico de las mujeres y la equidad de género dependen de ello, al igual que el crecimiento económico de las diferentes comunidades. Las grandes empresas cuentan con una cultural de equidad de género y han obtenido cambios significativos y resultados de productividad favorables.

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